martes, 9 de junio de 2015
LA OTRA GRIETA. BRILLANTE ANALISIS DE CARLOS DELFINO PARA LA NACION
El enfoque
La otra grieta
Por Carlos Delfino para LA NACION
Mike Trout tiene 23 años y juega en el equipo de beisbol de Los Ángeles, donde firmó un contrato por seis años, hasta 2020, por 144,5 millones de dólares. Es una de las estrellas del torneo y su reconocimiento va creciendo año tras año, desde que se consagró como uno de los mejores novatos de la última década. Recorrió el mundo la foto de ese ídolo con infinita proyección delante de un televisor, en el vestuario, celebrando con sus dedos índices hacia arriba la consagración de American Pharoah en el Belmont Stakes (G 1), donde el caballo completó la Triple Corona.
Este sábado, previo al comienzo de un nuevo partido de la Liga, se ofrecieron las imágenes en vivo de la última etapa de la serie norteamericana en la mismísima pantalla del estadio y el público clamó por el nuevo gladiador. Nadie estaba ajeno a lo que veía. Tampoco Trout, que estaba listo para salir al campo para festejar sus puntos y antes, ya con toda la vestimenta puesta, se permitió junto a sus compañeros dejar de lado la concentración en las bases, bateadas y los jonrons para no perderse un hecho que no se sabe si habrá que esperar otros 37 años para vivirlo.
El potrillo con genes argentinos se abrazó a la historia, se hizo leyenda, ante más de 100.000 personas que desbordaron el hipódromo neoyorquino. Entre tantos había alguien cuyo nombre exime de presentación: Bill Clinton. El ex presidente de los Estados Unidos no quiso estar al margen de la posibilidad de ver de cerca a American Pharoah. Aunque pudiera ser testigo de otra de las tantas frustraciones que han vivido los hípicos y no hípicos allí los últimos años. Se lo vio estudiando el programa de carreras de Belmont Park y siendo partícipe de una jornada inolvidable.
Aquí, de este lado del mundo, difícil ver esas imágenes. Un caso esporádico ha sido el del último 25 de mayo en San Isidro con presencia allí (en campaña electoral y tras una década) de Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires, la provincia que más tierras tiene dedicadas a la crianza de caballos de carrera y que aporta el mayor número de subvenciones a los hipódromos. Hay cinco que se apoyan en ello; los sostiene en pie. A su lado estaba Gustavo Posse, el intendente, con pasión sanguínea y política por el turf: creció entre caballos, mientras su padre Melchor era propietario del haras Las Camelias, y el hipódromo es el pulmón de su ciudad.
No hay una política de Estado federal para el turf. Ni marketing que lleve a sacar partido del beneficio que se limita a un puñado de provincias, que no encuentran eco en otras tierras igual o más burreras. El empobrecimiento del turf del interior atenta contra el crecimiento de la industria aquí. Polariza, estanca, divide. Y no porque en proporción haya menos pasión o interés que en los Estados Unidos. Hay una grieta cultural y de voluntades. De achicarla o cicatrizarla depende vivir en carne propia esas historias con igual popularidad por estos lados. Abrir el juego para que no sorprenda (a los argentinos) que American Pharoah haya sido el tema principal de la tapa de la edición del domingo de New York Time. Para no sentirnos tan nostálgicos cuando se ven los cientos de videos y fotos subidos a las redes sociales por quienes fueron a recibir al campeón a su regreso, como si hubiese ganado la Copa del Mundo. Así lo sienten ellos. Así lo añoramos nosotros..
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