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miércoles, 2 de septiembre de 2015
viernes, 28 de agosto de 2015
En Brasil también se esconde la tierra bajo la alfombra
El Jockey Club de San Pablo censuró Jornal do Turfe
Las autoridades paulistas no permiten la circulación del periódico del colega Marcos Rizzon
Los actuales dirigentes del Jockey Club de San Pablo, seguramente, no habrán hecho ni la mitad de las cosas que el periodista Marcos Rizzon ha hecho por el turf brasileño en las últimas dos décadas. Sin embargo, se arrogan ahora el derecho a no permitir la libre circulación en Cidade Jardim del histórico periódico del colega y amigo, simplemente, por no estar de acuerdo con su línea editorial.
Por supuesto que desde Turf Diario repudiamos fuertemente semejante atrocidad, pero más nos duele la ingratitud para con un tipo derecho, frontal, y que camina la hípica por la vereda de los buenos.
¿Qué culpa tiene Rizzon si San Pablo es un desastre? Con apenas un par de reuniones por semana, éxodo de caballos y profesionales hacia otros centros, apuestas vergonzosas por lo baja y que la cuestión tributaria ya esté apretando más de lo que se puede soportar? Si la incapacidad le va a ganar al corazón, estamos perdidos.
Rizzon desde hace un siglo distribuye gratuitamente Jornal do Turfe, un orgullo de la hípica sudamericana, y que los turfistas paulistas se lo estén perdiendo es injusto y un insulto a la inteligencia. Claro, más fácil convertirse en tirano que trabajar para solucionar los problemas; conocemos aquí de esas cuestiones.
Los dirigentes del Jockey Club de San Pablo, entidad que forma parte de la OSAF (que debería emitir ahora un comunicado en desacuerdo sobre su actitud...), no están de acuerdo con que Marcos Rizzon cuenta la verdad en Jornal do Turfe. Y, obviamente, tampoco parece que hacen demasiado para sacar a su hipódromo de una crisis extrema y que pone en peligro la actividad local.
Desde Turf Diario repudiamos y sentimos vergüenza ajena por la decisión adoptada y solicitamos enérgicamente un paso atrás. Ya.
Diego H. Mitagstein
Por supuesto que desde Turf Diario repudiamos fuertemente semejante atrocidad, pero más nos duele la ingratitud para con un tipo derecho, frontal, y que camina la hípica por la vereda de los buenos.
¿Qué culpa tiene Rizzon si San Pablo es un desastre? Con apenas un par de reuniones por semana, éxodo de caballos y profesionales hacia otros centros, apuestas vergonzosas por lo baja y que la cuestión tributaria ya esté apretando más de lo que se puede soportar? Si la incapacidad le va a ganar al corazón, estamos perdidos.
Rizzon desde hace un siglo distribuye gratuitamente Jornal do Turfe, un orgullo de la hípica sudamericana, y que los turfistas paulistas se lo estén perdiendo es injusto y un insulto a la inteligencia. Claro, más fácil convertirse en tirano que trabajar para solucionar los problemas; conocemos aquí de esas cuestiones.
Los dirigentes del Jockey Club de San Pablo, entidad que forma parte de la OSAF (que debería emitir ahora un comunicado en desacuerdo sobre su actitud...), no están de acuerdo con que Marcos Rizzon cuenta la verdad en Jornal do Turfe. Y, obviamente, tampoco parece que hacen demasiado para sacar a su hipódromo de una crisis extrema y que pone en peligro la actividad local.
Desde Turf Diario repudiamos y sentimos vergüenza ajena por la decisión adoptada y solicitamos enérgicamente un paso atrás. Ya.
Diego H. Mitagstein
miércoles, 26 de agosto de 2015
GP Protetora do Turfe 1957 - 1960: Moinhos de Vento e Cristal
Como todos los 26 de cada mes, Fernando Rózano nos arrima recuerdos de la vida profesional de su padre, desde Porto Alegre.
A partir de aquí entonces, otra carrera para disfrutar del pique a la raya.
Hoy se cumplen un año y cuatro meses de la partida de mi padre. Miro la fotografía de arriba, él venciendo en una carrera con Simbólica en el querido hipódromo Molinos de Viento. Los remolinos de nostalgia llegan con fuerza, abatiendo el ánimo y la voluntad para vivir el día que comienza. Estamos próximos a setiembre, el mes que trae el segundo mayor Gran Premio disputado en Rio Grande do Sul sobre pista de arena: el Protetora do Turfe.
La historia dice que todo comenzó como Prado Independência en 1894 para en 1907 ser denominado Associação Protetora do Turfe y más tarde, diciembre de 1944, ser en definitiva Jockey Club do RS. En realidad, el GP con el mismo nombre sólo nació en 1922 con el nombre de GP Centenário da Independência y era disputado sobre la distancia de 2400 metros, luego fijándose en 2200, hasta el día de hoy.
La vida de Mário Rossano y los SPC son una vida donde las líneas del tiempo, cuando se encuentran, construyen otras líneas y otras vidas. Desde la venida desde su portuaria Rio Grande para Porto Alegre, desde el Hipódromo de Vila Sao Miguel para el carismático Mohinos de Vento, esas líneas se cruzaron con otra vida: el Hipódromo Cristal. La historia trae el romanticismo de los años '40, '50 y '60, en una capital gaúcha todavía provinciana, con aires de cosmopolita. Y nos relata cuánto el jockey Mário Rossano fue parte de esa historia, cuánta su relación con la ciudad y con el Jockey Club do Rio Grande do Sul. No se resume al triunfo en la prueba inaugural del novísimo escenario de Cristal, en el ya distante noviembre de 1959, con un caballo que a los seis años todavía no había visitado el recinto de los vencedores.
Dos años antes, el 7 de setiembre de 1957, la lluvia impiadosa no impidió que el entonces joven freno llevase a Dálmata a vencer en el G. P. Protetora do Turfe en el año en que la entidad completaba su cincuentenario. Un hecho que las publicaciones resproducidas más abajo tornan inolvidable, transcribiendo el desarrollo de la prueba y mostrando el talento de un piloto que quebraba su fama de ser apenas un jockey que sabía correr de punta.
La historia siguió marcando al riograndino luego de aquella victoria con Duelo. El 7 de Setiembre del año siguiente llevó al triunfo a Lord Chanel, un tordillo clásico, rápido y valiente, en la edición 1960 del GP Protetora do Turfe, el primero disputado en las arenas del Hipódromo Cristal, resultado que repetiría en 1961.
La relación entre Mário Rossano, Molinos de Viento y Cristal es única, indivisible.
Hoy, al mirar material de todos esos años, el corazón se acelera, los ojos se empañan y las manos tiemblan.
En esta historia el lugar de Rossano, como era llamado por los turfistas, está escrito y eternizado.
A partir de aquí entonces, otra carrera para disfrutar del pique a la raya.
Hoy se cumplen un año y cuatro meses de la partida de mi padre. Miro la fotografía de arriba, él venciendo en una carrera con Simbólica en el querido hipódromo Molinos de Viento. Los remolinos de nostalgia llegan con fuerza, abatiendo el ánimo y la voluntad para vivir el día que comienza. Estamos próximos a setiembre, el mes que trae el segundo mayor Gran Premio disputado en Rio Grande do Sul sobre pista de arena: el Protetora do Turfe.
La historia dice que todo comenzó como Prado Independência en 1894 para en 1907 ser denominado Associação Protetora do Turfe y más tarde, diciembre de 1944, ser en definitiva Jockey Club do RS. En realidad, el GP con el mismo nombre sólo nació en 1922 con el nombre de GP Centenário da Independência y era disputado sobre la distancia de 2400 metros, luego fijándose en 2200, hasta el día de hoy.
La vida de Mário Rossano y los SPC son una vida donde las líneas del tiempo, cuando se encuentran, construyen otras líneas y otras vidas. Desde la venida desde su portuaria Rio Grande para Porto Alegre, desde el Hipódromo de Vila Sao Miguel para el carismático Mohinos de Vento, esas líneas se cruzaron con otra vida: el Hipódromo Cristal. La historia trae el romanticismo de los años '40, '50 y '60, en una capital gaúcha todavía provinciana, con aires de cosmopolita. Y nos relata cuánto el jockey Mário Rossano fue parte de esa historia, cuánta su relación con la ciudad y con el Jockey Club do Rio Grande do Sul. No se resume al triunfo en la prueba inaugural del novísimo escenario de Cristal, en el ya distante noviembre de 1959, con un caballo que a los seis años todavía no había visitado el recinto de los vencedores.
Dos años antes, el 7 de setiembre de 1957, la lluvia impiadosa no impidió que el entonces joven freno llevase a Dálmata a vencer en el G. P. Protetora do Turfe en el año en que la entidad completaba su cincuentenario. Un hecho que las publicaciones resproducidas más abajo tornan inolvidable, transcribiendo el desarrollo de la prueba y mostrando el talento de un piloto que quebraba su fama de ser apenas un jockey que sabía correr de punta.
La historia siguió marcando al riograndino luego de aquella victoria con Duelo. El 7 de Setiembre del año siguiente llevó al triunfo a Lord Chanel, un tordillo clásico, rápido y valiente, en la edición 1960 del GP Protetora do Turfe, el primero disputado en las arenas del Hipódromo Cristal, resultado que repetiría en 1961.
La relación entre Mário Rossano, Molinos de Viento y Cristal es única, indivisible.
Hoy, al mirar material de todos esos años, el corazón se acelera, los ojos se empañan y las manos tiemblan.
En esta historia el lugar de Rossano, como era llamado por los turfistas, está escrito y eternizado.
Fernand0 Rozano.
miércoles, 19 de agosto de 2015
jueves, 13 de agosto de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
Das cocheiras do Stud Mario Rossano
Como todos los días 26 de cada mes, el amigo Fernando Rozano publica en su excelente blog Chronosfer pasajes de la vida de su padre. Aqui va entonces la traducción del último trabajo.
En recuerdos que desgranó a los 80 años -se iría a los 82-, Don Mario habla de su amor por los caballos, punto de partida para construir su vida y su familia.
El amor por los caballos de carrera.
"Mi padre tenía caballos de trabajo. Nació en Uruguay y desde allá vino con una tropa para vender al ejército. Llegó, contrajo matrimonio y se afincó. En el verano la familia iba para Cassino, pues en esa época era muy difícil conseguir empleo, por eso nací allí. Mi padre compró un pedazo de tierra y comenzó a vender leche y carne a los veraneantes.
En 1941, cuando falleció mi madre, fue a trabajar a Swift mientras mis hermanos y yo entramos en el colegio de los padres salesianos. Yo por entonces ya era un apasionado de los caballos.
Mi padre tuvo un accidente, permaneció mucho tiempo en el hospital, y nosotros internos en el colegio. Un domingo reservado por el destino, los curas nos llevaron a pasear, en aquellos antiguos ómnibus abiertos, al campo de la Villa Sao Miguel. Quedé trastornado, no sé con qué expresión definir aquello. Montaba desde los siete u ocho años, y observando los caballos allá en las canchas rectas de Cassino con sus jinetes uniformados (el uno blusa blanca, el dos roja, el tres azul, el cuatro amarilla...), quedé todavía más apasionado. Al día siguiente, en el momento de la misa, le dije a mi hermano mayor Antonio que huiría, y salí.
Fui en dirección al campo por la carretera Coester, que existe hasta hoy. Estuve el día entero caminando para llegar. Vi un caserón, en la Villa Matadouro. Era un stud. Había un muchacho trabajando, entré y pedí trabajo. Por mi tamaño no fui aceptado, pero llegó un señor que era entrenador, Darci Casser, y dijo que por la casa y la comida, podría quedarme. Y me quedé, limpiando los establos y haciendo ese tipo de tareas. En el año '42 mi hermana, cosa del destino mismo, se casó con un ex jockey entonces entrenador, Dirceu Antunes, que me empujó todavía más para el campo y los caballos.
Mi padre estaba saliendo del hospital, cuando supo que había huído me llevó de regreso para Cassino, y retorné al colegio. En el verano de aquel año, un señor amigo llamado Luis Pelhos, representante de la vinícola Garibaldi, de Pelotas, me llevó allá para salir del campo y estudiar. Antes de emprender el viaje yo andaba por los studs de Dirceu, recuerdo una anécdota de aquellos tiempos: un día monté una yegua llamada Madresilva y fui hasta donde entrenaban los ejemplares de mi cuñado, a quien no le gustó y la envió de vuelta para el stud. Cuando llegamos, el portón estaba cerrado. La yegua se detuvo, yo caí, y después ella abrió y entró sin problemas. De todas formas al día siguiente yo ya estaba llevando caballos para caminar en el agua, pues en Rio Grande es muy común hacer eso para curar las rodillas de los ejemplares.
En Pelotas iba a estudiar, no recuerdo si en Gonzaga o Pelotense. Era la época de la guerra, se tiraban muchas piedras sobre las casas de los alemanes, los chicos hacían eso y yo estaba junto a ellos. Cierto domingo el señor Luis nos llevó a pasear justamente a Tablada, parecía que me estaban siguiendo los lugares relacionados con caballos. El lunes por la mañana la esposa del señor me pidió llevar la correspondencia al escritorio del marido. En el medio del camino, volví. Era febrero o marzo, todavía no habían comenzado las clases. Como tenía algún dinero en el bolsillo, puse mis ropas en un bolso y fui para la estación ferroviaria. No había tren, pero pasaría un coche-motor procedente de Bagé a las ocho de la noche. Estuve todo el día esperando. Cuando llegué, mi hermana casi enloquece. Tres o cuatro días después mi padre fue a visitar a su nieto recién nacido y me llevó otra vez de regreso a Cassino. Y me dijo que si yo quería estar con los caballos fuera para Chuí, a una estancia de unos amigos de él. Pensé en huír otra vez, pero no fue posible. No recuerdo bien, pero mi hermana lloró y terminé en los studs de Miguel Pereira en la Villa San Miguel. Ya tenía trece años cuando Dirceu, conocido como Morcilhão, llevó unos caballos para correr en Pelotas.
Estuve en Rio Grande hasta que un día llegó un señor y me llevó para correr en la recta, en Senandes. Gané. Fue mi primer carrera y la primera victoria, pero casi que no valía en esa pista. Un jockey, Ademar Cunha, Chilinga, resolvió inscribir una yegua que trabajaba todos los días, Alfaciana, que debía correr con 44 kg. No tenía jinete con ese peso y mi hermana dijo "Pon a Maruca", como ellos me llamaban, y así conseguí la matrícula de aprendiz de tercera. Esa fue la primera vez que monté de manera oficial, en el año '44, todavía con doce años. No tenía botas y se las pedí a Dinarte, colega de trabajo, también aprendiz. Tengo una fotografía de ese día, mi primer carrera oficial como jockey en Rio Grande. Todo era muy difícil, lejos..."
En recuerdos que desgranó a los 80 años -se iría a los 82-, Don Mario habla de su amor por los caballos, punto de partida para construir su vida y su familia.
El amor por los caballos de carrera.
"Mi padre tenía caballos de trabajo. Nació en Uruguay y desde allá vino con una tropa para vender al ejército. Llegó, contrajo matrimonio y se afincó. En el verano la familia iba para Cassino, pues en esa época era muy difícil conseguir empleo, por eso nací allí. Mi padre compró un pedazo de tierra y comenzó a vender leche y carne a los veraneantes.
En 1941, cuando falleció mi madre, fue a trabajar a Swift mientras mis hermanos y yo entramos en el colegio de los padres salesianos. Yo por entonces ya era un apasionado de los caballos.
Mi padre tuvo un accidente, permaneció mucho tiempo en el hospital, y nosotros internos en el colegio. Un domingo reservado por el destino, los curas nos llevaron a pasear, en aquellos antiguos ómnibus abiertos, al campo de la Villa Sao Miguel. Quedé trastornado, no sé con qué expresión definir aquello. Montaba desde los siete u ocho años, y observando los caballos allá en las canchas rectas de Cassino con sus jinetes uniformados (el uno blusa blanca, el dos roja, el tres azul, el cuatro amarilla...), quedé todavía más apasionado. Al día siguiente, en el momento de la misa, le dije a mi hermano mayor Antonio que huiría, y salí.
Fui en dirección al campo por la carretera Coester, que existe hasta hoy. Estuve el día entero caminando para llegar. Vi un caserón, en la Villa Matadouro. Era un stud. Había un muchacho trabajando, entré y pedí trabajo. Por mi tamaño no fui aceptado, pero llegó un señor que era entrenador, Darci Casser, y dijo que por la casa y la comida, podría quedarme. Y me quedé, limpiando los establos y haciendo ese tipo de tareas. En el año '42 mi hermana, cosa del destino mismo, se casó con un ex jockey entonces entrenador, Dirceu Antunes, que me empujó todavía más para el campo y los caballos.
Mi padre estaba saliendo del hospital, cuando supo que había huído me llevó de regreso para Cassino, y retorné al colegio. En el verano de aquel año, un señor amigo llamado Luis Pelhos, representante de la vinícola Garibaldi, de Pelotas, me llevó allá para salir del campo y estudiar. Antes de emprender el viaje yo andaba por los studs de Dirceu, recuerdo una anécdota de aquellos tiempos: un día monté una yegua llamada Madresilva y fui hasta donde entrenaban los ejemplares de mi cuñado, a quien no le gustó y la envió de vuelta para el stud. Cuando llegamos, el portón estaba cerrado. La yegua se detuvo, yo caí, y después ella abrió y entró sin problemas. De todas formas al día siguiente yo ya estaba llevando caballos para caminar en el agua, pues en Rio Grande es muy común hacer eso para curar las rodillas de los ejemplares.
En Pelotas iba a estudiar, no recuerdo si en Gonzaga o Pelotense. Era la época de la guerra, se tiraban muchas piedras sobre las casas de los alemanes, los chicos hacían eso y yo estaba junto a ellos. Cierto domingo el señor Luis nos llevó a pasear justamente a Tablada, parecía que me estaban siguiendo los lugares relacionados con caballos. El lunes por la mañana la esposa del señor me pidió llevar la correspondencia al escritorio del marido. En el medio del camino, volví. Era febrero o marzo, todavía no habían comenzado las clases. Como tenía algún dinero en el bolsillo, puse mis ropas en un bolso y fui para la estación ferroviaria. No había tren, pero pasaría un coche-motor procedente de Bagé a las ocho de la noche. Estuve todo el día esperando. Cuando llegué, mi hermana casi enloquece. Tres o cuatro días después mi padre fue a visitar a su nieto recién nacido y me llevó otra vez de regreso a Cassino. Y me dijo que si yo quería estar con los caballos fuera para Chuí, a una estancia de unos amigos de él. Pensé en huír otra vez, pero no fue posible. No recuerdo bien, pero mi hermana lloró y terminé en los studs de Miguel Pereira en la Villa San Miguel. Ya tenía trece años cuando Dirceu, conocido como Morcilhão, llevó unos caballos para correr en Pelotas.
Estuve en Rio Grande hasta que un día llegó un señor y me llevó para correr en la recta, en Senandes. Gané. Fue mi primer carrera y la primera victoria, pero casi que no valía en esa pista. Un jockey, Ademar Cunha, Chilinga, resolvió inscribir una yegua que trabajaba todos los días, Alfaciana, que debía correr con 44 kg. No tenía jinete con ese peso y mi hermana dijo "Pon a Maruca", como ellos me llamaban, y así conseguí la matrícula de aprendiz de tercera. Esa fue la primera vez que monté de manera oficial, en el año '44, todavía con doce años. No tenía botas y se las pedí a Dinarte, colega de trabajo, también aprendiz. Tengo una fotografía de ese día, mi primer carrera oficial como jockey en Rio Grande. Todo era muy difícil, lejos..."
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| Playa de Cassino, estado de Rio Grande do Sul, Brasil, con su famoso navío encallado en 1976. |
miércoles, 22 de julio de 2015
miércoles, 15 de julio de 2015
Rede Turfe na TV Nº 222 desde Rio de Janeiro
A importancia da boca do cavalo, com o veterinário Raphael Miranda.
Vicente Britto e a homenagem a C A Martins.
O evento Desafio da Quadrifeta.
O empresário Alexandre Boucas com o Torneio de Marcações do Domingo.
Comentários dos páreos principais do Cristal e Jardim e da Gávea.
As Boas do Rizzon para a corrida do Cristal.
Indicações da mesa para as corridas da semana carioca.
Notícias, informações e debates.
Apresentação do jornalista João Carlos Faro, participações especiais de Joemil de Sousa, Jorge Ignacio e Antonio Cesar Leal, Raquel Lima e José Carlos Viana.
Vicente Britto e a homenagem a C A Martins.
O evento Desafio da Quadrifeta.
O empresário Alexandre Boucas com o Torneio de Marcações do Domingo.
Comentários dos páreos principais do Cristal e Jardim e da Gávea.
As Boas do Rizzon para a corrida do Cristal.
Indicações da mesa para as corridas da semana carioca.
Notícias, informações e debates.
Apresentação do jornalista João Carlos Faro, participações especiais de Joemil de Sousa, Jorge Ignacio e Antonio Cesar Leal, Raquel Lima e José Carlos Viana.
miércoles, 8 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
Legui y Rossano. Por Fernando Rozano
Hoy se cumple otro mes desde la partida de mi padre. Les dejo otro pequeño pasaje de su vida como jockey.
Irineo Leguisamo fue uno de los mayores, para muchos el mayor, jockey de América del Sur. Nacido en Uruguay, fue muy temprano para las pistas de Palermo, en Buenos Aires. Ante, el hijo de Salto, donde inició su carera, montó caballos en Uruguaiana, a fines de la década de 1910. Después, todavía muy joven, hizo un recorrido por otras pistas del interior uruguayo para llegar a la Argentina ya en los años veinte, y en 1922 conquistar su primera victoria en el tradicional hipódromo porteño. Amigo de Carlos Gardel, que compuso un tango en su homenaje, venció en todos los mayores grandes premios del continente, hasta cerrar su actividad a los setenta años. Un ejemplo, un maestro. En noviembre de 1962 estuvo en Porto Alegre. Vino a montar a Vizcaíno en la mayor prueba en pista de Arena del Brasil, el GP Bento Gonçalves en el Hipódromo Cristal de Rio Grande do Sul. Ganó. En los días que precedieron a la carrera, Mário Rossano e Ireneo Leguisamo se tornaron amigos, y la prensa local lo registró.
"Rossano y Legui se tornaron grandes amigos. El jockey local dice que incluso enviará un regalo al jockey uruguayo, en su opinión un "fenómeno". Mario Rossano fue saludado por Irineo Leguisamo después de su victoria con Mar Báltico. "Fue precisa su dirección", comentó El Maestro, que hizo amistades entre los profesionales locales. Rossano comentó ayer que el temperamento jovial de Leguisamo sorprendió a todos, inclusive distribuyendo algunos "palmadas amistosas", aunque un poco fuertes, entre todos los que pasaban por su frente. El jockey rio-grandino prometió enviar una fusta al piloto oriental" (Última Hora, 13 de Noviembre de 1962)
El libro Dá-lhe Rossano trae una pequeña nota, con fotografía, en Turf no Sul, de la victoria elogiada por Leguisamo. 1962... el tiempo corre demasiado en relación con mis recuerdos. Ni el más veloz de los purasangres puede alcanzar ese año dentro de mí. Mi padre hablaba mucho de ese encuentro, y recordándolo era un hombre feliz. Cerca de su partida, conversamos sobre esa amistad entre ellos y pregunté si le había enviado el presente. La respuesta fue típica del Viejo Rossano: "Mas, é claro". Recuerdo a Mar Báltico, lo esperé en una de sus victorias, pero no recuerdo a Leguisamo en Porto Alegre. Es apenas un pasaje que va apagándose en mi cansada memoria. 1962! Yo era apenas un narrador de corridas de bolitas multicolores debajo de la mesa, en nuestra casa.
Fernando Rozano
miércoles, 24 de junio de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
viernes, 12 de junio de 2015
La Gávea brinda otra herramienta de estudio
Nuestro querido amigo carioca Joemil Sousa desarrolló una nueva herramienta de estudio para el aficionado que se arrime por el escenario de La Gávea, Rio de Janeiro.
Se trata de las velocidades medias de cada ejemplar que participa, expresada en metros por segundo.
Ya más de un burrero anda de caravana por las playas y los boliches de Ipanema después de meterle bala al Pick 7 con los índices que arrima Joemil.
Aquí una pequeña muestra:
Se trata de las velocidades medias de cada ejemplar que participa, expresada en metros por segundo.
Ya más de un burrero anda de caravana por las playas y los boliches de Ipanema después de meterle bala al Pick 7 con los índices que arrima Joemil.
Aquí una pequeña muestra:
miércoles, 10 de junio de 2015
jueves, 4 de junio de 2015
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