sábado, 27 de junio de 2015

Legui y Rossano. Por Fernando Rozano



   Hoy se cumple otro mes desde la partida de mi padre. Les dejo otro pequeño pasaje de su vida como jockey.

   Irineo Leguisamo fue uno de los mayores, para muchos el mayor, jockey de América del Sur. Nacido en Uruguay, fue muy temprano para las pistas de Palermo, en Buenos Aires. Ante, el hijo de Salto, donde inició su carera, montó caballos en Uruguaiana, a fines de la década de 1910. Después, todavía muy joven, hizo un recorrido por otras pistas del interior uruguayo para llegar a la Argentina ya en los años veinte, y en 1922 conquistar su primera victoria en el tradicional hipódromo porteño. Amigo de Carlos Gardel, que compuso un tango en su homenaje, venció en todos los mayores grandes premios del continente, hasta cerrar su actividad a los setenta años. Un ejemplo, un maestro. En noviembre de 1962 estuvo en Porto Alegre. Vino a montar a Vizcaíno en la mayor prueba en pista de Arena del Brasil, el GP Bento Gonçalves en el Hipódromo Cristal de Rio Grande do Sul. Ganó. En los días que precedieron a la carrera, Mário Rossano e Ireneo Leguisamo se tornaron amigos, y la prensa local lo registró.

   "Rossano y Legui se tornaron grandes amigos. El jockey local dice que incluso enviará un regalo al jockey uruguayo, en su opinión un "fenómeno". Mario Rossano fue saludado por Irineo Leguisamo después de su victoria con Mar Báltico. "Fue precisa su dirección", comentó El Maestro, que hizo amistades entre los profesionales locales. Rossano comentó ayer que el temperamento jovial de Leguisamo sorprendió a todos, inclusive distribuyendo algunos "palmadas amistosas", aunque un poco fuertes, entre todos los que pasaban por su frente. El jockey rio-grandino prometió enviar una fusta al piloto oriental" (Última Hora, 13 de Noviembre de 1962) 

   El libro Dá-lhe Rossano trae una pequeña nota, con fotografía, en Turf no Sul, de la victoria elogiada por Leguisamo. 1962... el tiempo corre demasiado en relación con mis recuerdos. Ni el más veloz de los purasangres puede alcanzar ese año dentro de mí. Mi padre hablaba mucho de ese encuentro, y recordándolo era un hombre feliz. Cerca de su partida, conversamos sobre esa amistad entre ellos y pregunté si le había enviado el presente. La respuesta fue típica del Viejo Rossano: "Mas, é claro". Recuerdo a Mar Báltico, lo esperé en una de sus victorias, pero no recuerdo a Leguisamo en Porto Alegre. Es apenas un pasaje que va apagándose en mi cansada memoria. 1962! Yo era apenas un narrador de corridas de bolitas multicolores debajo de la mesa, en nuestra casa.



Fernando Rozano


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