jueves, 2 de julio de 2015

El Caracol del terror

El 27/5, apoyándome en una información difundida en Facebook por Eduardo Omar Cappannini, publiqué una nota sobre el cadáver abandonado de la potranca Linda Vaga Key en la pista de entrenamientos El Caracol del hipódromo platense.
Lindo lío se armó. Que era mentira, que era verdad, que el cadáver no era de ella sino de otro ejemplar, que no era nada raro ver en ese sector cuerpos semitapados con tierra, que había perros salvajes, que no había, que el hipódromo siempre obraba de inmediato para el retiro de los cadáveres, que nunca avisaba nada, que la responsabilidad era de la Municipalidad, que el Senasa, que la empresa recolectora residuos en La Plata  y que la chancha overa.


Intuyendo muy buenas coartadas de los responsables del hipódromo en el caso puntual de Linda Vaga Key, me di por vencido en eso de aclarar cuándo exactamente había sido retirado su cuerpo, asumí que se había procedido de inmediato, pedí disculpas a la gente de El Alfalfar que se sintió ofendida por la nota y me dediqué a apoyar y difundir la lucha del amigo Omar por lograr que la pista de entrenamientos presente las mínimas condiciones de trabajo y respeto para los equinos y humanos que allí trabajan a diario.

La cosa en un principio parecía dar indicios de cambio. Una denuncia de Omar por las montañas de basura, aunque censurada por la Municipalidad platense, tuvo eco en el diario El Día de La Plata y al tiempo se pudo ver gente empezando a trabajar en la limpieza; un caballo sacrificado no fue tirado como mierda al río sino transportado con una pala mecánica y un tractor, al tiempo que algunas versiones indicaban la reapertura de conversaciones entre el hipódromo y la Facultad de Ciencias Veterinarias respecto de los caballos sacrificados, etc.
Como dije, la cosa parecía dar indicios de cambio.
La primera alarma sonó la semana pasada, cuando trascendió que unos tipos peores que los caranchos velozmente se afanaron las herraduras de un caballo sacrificado y otra vez tirado en el sector.
Ayer, cuando un lector del blog me alertó sobre un nuevo cuerpo abandonado a merced de los perros cimarrones, decidí no hacer nada. De puro mal pensado que soy, calculé que si publicaba un texto sucedería lo mismo que a fines de mayo: gente poniéndose a laburar rapidito y cambiando de hábitos por unos días, y aquí no ha pasado nada.
Bueno señores, me han llegado estas fotografías. Odio publicarlas, pero parece que es la única forma de evidenciar lo que continúa ocurriendo. Ahora ya es tarde para que se apuren en retirar un cuerpo y palear un rato la basura para la gilada.
Amén de la terrible imagen del SPC tirado, según nos cuentan amigos sureños la laguna que se ve sobre la entrada del sector no se forma por las lluvias, sino por el desagüe de ese edificio cuadrado de dos plantas. El agua ya está llegando hasta la confitería de los 800.
Y esto es sólo una pequeña muestra del abandono en que se encuentra el sector entre montañas de basura, ejemplares muertos a merced de los perros y las ratas y empalizadas rotas.

Ya no me interesa saber qué tipo de burreros son los allegados a un caballo abandonado en el basural donde se lo morfan los perros, o si la responsabilidad de retirar el cuerpo es del hipódromo, de la Municipalidad o del Gran Bonete. Sólo siento una terrible pena, y mucha vergüenza.

Marcelo Fébula











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